Poner límites es definir un espacio propio y defenderlo

límites

 

Nuestros límites son ese espacio personal que de cierto modo nos protege y nos da seguridad. Sin embargo, a veces vamos cediendo parte de él y nos encontramos con que ciertas personas lo traspasan constantemente. Incluso, quienes sentimos más cercanos.

¿Por qué ocurre esto?

Hay veces en que esa línea invisible que ponen los límites, la dibujamos con un trazo tan fino que hasta a nosotros nos cuesta verla con claridad. Si este es tu caso, te propongo un ejercicio que puede ayudarte a decidir qué límites quieres poner y cuán flexibles decidas que sean.

Coge lápiz y papel y define los distintos tipos de relaciones que tienes en tu vida: familiar, de amistad, laborales, etc. Considera qué cosas puedes aceptar y tolerar, y qué cosas te hacen sentir incómodo o estresado. Estos sentimientos son los que pueden ayudarte a conocer bien tus límites en esa relación. Respetar esos sentimientos es necesario para tu bienestar y equilibrio emocional.

Poner límites no significa que tengas que comportarte de una forma rígida y no ceder en nada. Tú decidirás según tus valores y necesidades qué haces y por quién lo haces, siempre y cuando eso te haga sentir bien a ti.

Ten en cuenta que poner límites implica la posibilidad de que los demás te rechacen o desaprueben. Esto ocurre porque hay gente que no acepta que tengas ciertas fronteras, no las respeta o no las entiende por ser diferentes a las suyas. Por eso es importante saber dejar claro que tus límites los pones tú en base a tus preferencias, necesidades, valores o deseos y los otros deben respetarlos al margen de su aprobación.

Ventajas de establecer unos límites claros

La persona que define con claridad su espacio individual:

#1. Sabe perfectamente lo que tolera y lo que no en sus relaciones con los demás.

#2. Puede ser flexible, si lo cree oportuno, siempre siendo fiel a sí mismo y a sus necesidades.

#3. No permite que los demás lo manipulen y se aprovechen de ella.

#4. Defiende sus puntos de vista y opiniones y respeta los de los otros.

#5. Sabe que tiene derecho a su propia privacidad, a perseguir sus propias metas o a dedicar su tiempo y esfuerzo a aquello que considera importante sin sentirse culpable.

#6. Es capaz de decidir que ciertas personas o situaciones son dañinas y alejarse de ellas.

Recuerda: poner límites es un acto de amor hacia ti. Si no lo haces, puedes acabar haciendo cosas que te resultan desagradables y te hagan sentir mal, lo que supone  una renuncia a tu derecho a tener tus propios gustos y preferencias y a rechazar aquello que no deseas.

Y a ti, ¿Te cuesta poner límites? ¿Respetas los de los demás sin que te lo exijan? ¿Te resulta complicado establecer límites con tus seres queridos?

Me gustaría conocer tu opinión en los comentarios.

Tu acción hace el futuro

 

 

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