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¿Por qué razones postergas tú determinadas cosas?

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Se dice que dejar las cosas para más adelante puede ser una señal de falta de organización o de no querer o poder tomar ciertas decisiones. Sea por una causa o por otra, si postergas con demasiada frecuencia estás poniendo un obstáculo para alcanzar tus objetivos, tanto banales (por ejemplo, un pasatiempo) como importantes (estudiar para un examen, bajar de peso, dejar de fumar, poner fin a una relación de pareja insatisfactoria…).

¿Por qué razones postergas tú determinadas cosas?

Más allá del falso alivio que puede generarte en un primer momento, el posponer algo implica un gran desgaste que puede inducir emociones como la culpa, la frustración, el miedo…

Primero, vamos a diferenciar los distintos tipos de postergación para que comprendas por qué decides dejar algunos temas para más adelante:

  1. Postergas algo porque no sabes cómo resolverlo, de modo que no lo afrontas y esperas a que desaparezca. Si necesitas información adicional antes de decidir el mejor camino a tomar, búscala, pregunta, compara, decide, pero nunca te quedes inmóvil.
  1. Porque no te gusta una tarea y la dejas de lado el mayor tiempo posible. En este caso piensa si la puedes delegar o al menos, que alguien te ayude a realizarla.
  1. Porque te falta tiempo. Es posible que no detestes la tarea, ni que no sepas cómo manejarla sino que aparentemente te falta tiempo para hacerla. Te parece agobiante y no sabes cuándo o cómo comenzar. Comienza a diseñar espacios de tiempo reservados a esa actividad que vienes postergando y una vez que los tengas identificados ponte manos a la obra y se constante.
  1. Postergas algo porque no sabes si realmente quieres hacer lo que te propusiste. Es hora de que te preguntes ¿Para qué quiero hacerlo? ¿Realmente estoy motivado? ¿Es por demanda  de otra persona, o es algo importante para mi a nivel personal o profesional? ¿Merece la pena el esfuerzo?
  1. Postergas las cosas porque no sabes por dónde empezar o no te crees capaz de hacerlo. Si este es tu caso, toma lápiz y papel y define  qué quieres hacer y divídelo en acciones concretas y sencillas. Por ejemplo, si quisieras pintar una habitación necesitas elegir el color, comprar la pintura y los pinceles, cubrir con cinta de pintor llaves y enchufes, pintar una primera mano, dejar secar, dar una segunda mano, dejar secar, retocar, quitar la cinta, limpiar los pinceles y decidir qué hacer con el resto de pintura.

Define el cómo: qué cosas se pueden hacer de forma simultánea, ver si puedes delegar algo,  si dependes de terceras personas para dar algún paso, cuánto tiempo prevés dedicarle a cada tarea… Al ver tu proyecto como una suma de acciones concretas que hay que hacer, te darás cuenta hasta qué punto eres capaz de hacerlo. Bajas, de una idea difusa en la que no sabes por dónde empezar, a una acción tan específica como elegir el color y que no te supone un alto nivel de esfuerzo.

Como puedes ver, razones para postergar hay varias y no son necesariamente malas. Haz una lista de todo lo que has dejado para más adelante y averigua por qué lo has hecho. Te aseguro que habrás dado el primer paso.

Tu acción hace el futuro

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